Mobbing

El acoso a mi alrededor…

30 noviembre, 2016
Cristina Jones y el acoso

Hace poco hablando con una conocida sobre nuestras circunstancias y problemas, me contó entre lloros su salida de la empresa, una empresa de zapatos…

-LLevaba trabajando desde que tenía 13 años, estaba a gusto en mi trabajo, me sentía bien considerada y de repente… vienen unos nuevos jefes, un cambio en las alturas de la empresa….¡y te mandan al carajo!

-¿Te despidieron?

-Peor, yo era encargada de almacén, y todo lo que hacía estaba mal. Unos niñatos, de la edad de mis hijos, me cuestionaban todas las decisiones, y me las echaban por tierra. Incluso parar para atender a una mujer que se desmayó porque teníamos más de 40 grados en el almacén en pleno mes de agosto. ¡Digo yo que somos humanos!, ¿se desmaya una compañera y miramos a otro lado?

Sin darse cuenta se echó a llorar, yo me acordé de mis circunstancias y la entendí. Le pregunté si podía grabar con el teléfono móvil lo que me contaba y me dijo que sí. Lo tengo grabado.

Han pasado 5 años y todavía llora al recordarlo, ver para creer.

Su hijo le decía que no la entendía, que en los trabajos siempre hay capullos. Su marido le pedía que dejara el trabajo si le afectaba tanto. Vamos, lo normal.

-¿Y voy a dejar mi trabajo en esta empresa, después de tantos años, por unos niñatos que me ven como una abuela? (Tiene cincuenta y tantos años).  Si no saben mandar, se creen que es tratar mal a la gente, meter miedo, creerse superiores y mirar por encima del hombro… Tenemos ahora más incidencias y problemas que nunca, por ellos, y tenemos que tragarnos su mierda, como si fueramos nosotros los culpables.

REcuerdos de mobbing

No quiero recordar, no quiero.

A los pocos días, en un centro de bricolage, veo a un hombre abrazando a un muchacho sin pelo, sin cejas… Y ya me conoceis, me los quedo mirando…pienso que el chaval tiene cáncer. El hombre me mira y me dice:

-Mi hijo da mucho asco, ¿a que sí?

Me quedo perpleja. Intuyo que lo dice como defensa.

-¿Tiene cáncer?

Y no se cómo, me entero de que Carlos tiene 14 años, y sufre alopecia por acoso escolar. Los médicos le están mirando de arriba abajo. No le encuentran nada. Le han cambiado de colegio. Es un circulo vicioso, porque al perder pelo, otros niños, los niños pequeños le dicen que les da asco, que es muy feo, incluso le pegan si se acerca, le tienen miedo.

El chico, Carlos, es guapetón. ¿Asco?

Yo no puedo evitarlo, voy con el móvil en el bolsillo y le pido permiso al padre para grabarnos. Al poco, es el padre quien toma mi teléfono y nos graba. Yo me siento confiada para decirle:

-De feo no tienes nada. Eres un claval majísimo. Relájate. Si no te sale el pelo, tatúate las cejas y pestañas. Te hará sentirte bien, y te irás olvidando de tu problema de imagen, que de momento se retroalimenta. Mira a los hombres de las películas de acción, van con el pelo rapado y están cañón. (…).

Ya desde pequeños hay niños y jóvenes a los que les gusta atacar al diferente, al bueno, al brillante, al que se aguanta, al educado que no se defiende devolviendo una ostia, al calladito, al que destaca por algo o pilla manía alguien. Estos chicos crecen, se hacen mayores, consiguen trabajos…y lo vuelven a repetir. Pero si de niños, todo es más a la cara, cuando se da en el trabajo, en el mundo de adultos, tienen mucho cuidado para no ser descubiertos.

Cristina Jones y el acoso

¿Has oido el Síndrome de Procusto?

Aquel que corta la cabeza o los pies de quien sobresale.

El mobbing, el síndrome de Procusto, el Principio de Peter…son nefastos para cualquier organización o equipo.

El síndrome de Procusto define la intolerancia a la diferencia.

La gente que sobresale no es admitida en entornos mediocres.

Hay directivos que entienden que su función es mantener su trabajo, no el hacer su trabajo.

Las empresas están formadas por personas que tienen sentimientos y emociones. Las emociones mal gestionadas ocasionan problemas, queramos o no verlos. Hay directivos que miran a otro lado y les va bien, pero tarde o temprano repercute en la cuenta de resultados de las corporaciones, aunque luego digan estúpidamente: “We can do it better!”.

Existen también maltratadores en el ámbito doméstico, que pegan a sus mujeres. Cuando van los periodistas después de una denuncia o un suceso de violencia de género, los vecinos siempre diecn lo mismo:

-¡No me lo puedo creer! ¡Si es una encantadora persona!

¡Los cojones!

¡Lo que son…. son unos cobardes, hipócritas e….!

¡Y el mundo es una mierda por gente como ellos!

 

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