Mi cáncer de mama

Eramos felices y no nos dábamos cuenta.

21 enero, 2015
La vida color

Una de las frases que más me han llamado la atención en estos últimos meses, ha sido la siguiente:
-Eramos felices y no nos dábamos cuenta.



El día a día es rutinario, todos los días te levantas, y haces tu vida normal. Vas con el piloto automático. Normalmente, nunca nos paramos a pensar lo que estamos haciendo, se supone que haces lo correcto, lo que tienes que hacer. Muchas veces, nos centramos en lo que no tenemos, en lo que deseamos…¡porras! ¡un momento!

¡Stop!

¿Te has parado a pensar en lo afortunado que eres?
Mira a tu alrededor, si eres normal, tienes a mucha gente que te aprecia a tu alrededor, esto es muy valioso. Debes valorar tu familia, hay personas en el mundo que desean y sueñan tener lo que tu posees.

¿Sabes que hay gente que no puede tener hijos y daría lo que fuese por tenerlos?
¿Sabes que muchas personas no tienen a nadie que les abrace?

Y eso sin hablar de cosas materiales, como una casa, un coche, un televisor, agua corriente, poder ir a la peluquería, ir al fútbol, tener aficiones como la fotografía, el sky, la restauración, las motos, estar con los amigos y la familia, etc

Estos últimos meses he ido mucho al Hospital, y hablando con otros pacientes y familiares, he escuchado más de una vez:
-Eramos felices y no nos dábamos cuenta.


En mi caso estaba en oncología, pero imagino que la salud no es sólo no tener cáncer, hay otras muchas enfermedades.

Disfruta y se consciente de lo afortunado que eres. Mira a tus hijos, si están sanos, eres un ser con suerte, porque como sabrás a estas alturas de la vida, la suerte es fundamental.

Se tu mismo.
Sonríe al mundo.
Da los buenos días a la gente con la que te tropieces.
Haz el mundo mejor.
¡Y manda a la m a los que se lo merezcan! No los puedes cambiar. No pierdas tu valioso tiempo. Pasa de ellos. Cuanto más les das a los “malos”, a los “cabrones”, más energía te quitan. Además, te quitan tanto, que sin querer lo solemos pagar con la gente como nosotros.


Se honesto contigo mismo. Y gústate. Es lo mejor que puedes hacer por ti, si un día como otro cualquiera, te vas al otro mundo.

Y si tienes algo que contar, soltar la rabia que llevas dentro, haz caso de Victoria, una psicóloga, ¡escribe!

Y repito por tercera vez:
“Eramos felices y no nos dábamos cuenta”.

Ojalá nunca tengas que pensarlo, ni decirlo.
¡Disfruta de lo que te rodea!

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