Desarrollo personal

Olvídame si te pega tu chico.

25 agosto, 2013

¡Qué fácil es dar consejos!
Escucho a los políticos, los psicólogos, los periodistas, los amigos y los familiares….Todos sabemos dar consejos, pero es que es muy fácil.

Todo tiene muchos matices, connotaciones, aspectos…que varían las situaciones y los problemas que vives. También, pasa todo lo contrario, que nos complicamos la vida innecesariamente, porque todo es más fácil de lo que parece.

Si estás en una relación afectiva o de pareja con alguien que te maltrata físicamente…¡no te quiere! ¿Qué me cuentas? ¿Qué milongas me dices? Hay que cortar por lo sano, ¡y punto!

Alguna vez me he preguntado si fuí buena persona por haber cortado una relación de amistad con una amiga, Olga (su nombre real). Ya no sé nada de ella, escuché algo por amigas, que también la habían perdido sin querer, porque Olga se aisló voluntariamente o no de sus amigas de siempre.

Todo empezó porque Olga buscaba el amor, quería tener novio…necesitaba querer a alguien.

Tuvo mala suerte y su amor murió en un triste accidente de tráfico, con veintipocos años.  Su amor no llevaba el cinturón de seguridad, y volviendo un verano de las fiestas de un pueblo…una curva, un derrape, quizás un exceso de velocidad… hizo que su cabeza rompiera de cristal delantero del coche. Su amigo no se hizo ni un rasguño, e iba en el asiento del copiloto,¡ llevaba el cinturón de seguridad!.

Una noche, un sábado, conoció a Mohamed, sí, así se llama el argelino. Eran dos amigos argelinos, uno encantador,  siempre con una sonrisa franca y maravillosa en la cara, y otro con una sonrisa falsa. No se qué hace el destino, no sé quién eligió. Dos amigas, dos amigos, y una mezcla de cartas. El azar o las miradas hizo que una de ellas fuese feliz y la otra una desgraciada, ¡para toda la vida!.

Rosa, la chica que se llevó al amigo de Mohamed tiene una vida maravillosa, es feliz, trabaja en un supermercado, y se le ve en la cara que está contenta. Pero está preocupada de su amiga Olga, casi no la ve aunque son amigas desde el colegio, y tampoco soporta a Mohamed. No se porqué pero no he hablado con ella de los malos tratos, mejor, no nombrarlo. ¿O no?

Justificar malos tratos.

 Yo dejé de hablar a Olga cuando rompió con él porque la pegó dos veces, pero le perdonó… ¡y voy a tener que verle cada vez que veo a Olga! ¿Y voy a tener que soportar su sonrisa? ¿Y voy a tener que preguntarme si está intentando coquetear conmigo? ¿Veo visiones? ¿como miras a un tío que le ha dejado un ojo morado a tu amiga y los brazos llenos de cardenales?

-¡Olga este tío es gilipollas, no te merece! ¡Si te pega es porque quieres!… Lo repetirá…

Y escuchas que él le ha pedido perdón, que su padre también pegaba a su madre y él nunca lo haría con la madre de sus hijos….que sólo fue por celos, porque no soporta que otro hombre la mire….y…ella habla, habla, se explica, y sigue contando, justificando, alegando, razonando, argumentando, defendiendo, excusando…

-Bueno, pues te quedas con Mohamed, yo no quiero sufrir viéndote así, ni viéndole a él.

Nota: Las personas y sus nombres son reales,  Olga y Mohamed. Esto sucedió en año 1992.

Me acuerdo algunas veces de Olga.
Soy una mala amiga.
Sólo volvería a ser su amiga si me necesitara, pero no estuviera Mohamed en su vida. Me siento una cabrona por no aceptar a la pareja de una amiga, y perder así una amiga. Hay que ser intolerante con estas conductas.

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