Emociones

Ep 5 . La llamada de teléfono inoportuna.

23 mayo, 2013

ACABO de publicar completo el episodio, en la pestaña: Cristina Jones quiere ser una cabrona.

(BORRADOR).

La policía me miraba con cara de pocos amigos. Yo me daba cuenta de que me explicaba como un libro cerrado, estaba nerviosa, decía cosas sin sentido, mezclaba los hechos, pero es que estaba histérica, no podía hacer nada, no sabía que hacer…El cuerpo me pedía coger una pistola al gilipollas que tenía delante y salir corriendo.
Banda sonora.
En las películas, el héroe es capaz de hacer cosas increíbles, como tirarse de un avión sin paracaídas y quitárselo a uno que se ha tirado del avión antes que él.
A mi el cuerpo me pedía acción, buscar un arma y salir en busca de los desgraciados que hubieran hecho daño a mi hija. ¿Dónde se compra una pistola?
Si viviera en Kansas o en algún lugar de Estados Unidos, podría ir al supermercado y comprarme un rifle de cañones recortados. No sé lo que es, pero creo que es la pera limonera en cuanto a armas, ¿O mejor un rifle con mira telescópica? Sí, así me subo a un ático con vistas, y le meto un tiro al individuo que ha osado poner la mano en mi hija entre ceja y ceja, qué bonito sería el mundo sin gentuza. Todos seríamos felices.
Lo malo, lo patético, es que lo pensaba por el hemisferio derecho del cerebro, pero lo desechaba por el izquierdo, porque soy una patosa, sí, no coordino los movimientos, tengo poca fuerza muscular y no tengo reflejos. En esta situación, te das cuenta de que las películas y la realidad son cosas distintas. ¿O no? ¡Mi hija! ¡Mi niña!
La mañana anterior había discutido con ella, está en esa edad del pavo de la que todos los padres hablamos cuando nos toca, pero aunque todos la pasan, incluso nuestros padres con nosotros, nadie sabe nada, es una etapa que hay que pasar, y ya está. La edad del pavo creo que es diferente para los chicos que para las chicas. A mí si a mi hijo le desfloran, me importa un comino, que lo disfrute, y que se lo pase bien, pero a mi hija… y no es que sea machista, ni feminista, es que hay que ser madre para sentirlo, no lo puedes pasar por el filtro cerebral.
-¡¡Cabrones, que sois unos gilipollas!!!!-gritaba yo.
Sí, les llamé de todo a los policías que no me hacían caso. Allí estaba yo, Cristina Jones, una mujer mayor, de 46 años, con la cara descompuesta por el miedo y las emociones desbordadas, al sentir que mi hija podría estar en peligro.
La comisaría del Centro de mi ciudad es un edificio nuevo, de diseño, un lugar precioso para rodar un episodio de CSI, grandes ventanales, luz natural, policías…normales. No me daban la sensación de resolver muchos casos, les veía apáticos, muy funcionarios, sin nervio, sin ilusión…¿Habrá alguno al que hayan expedientado los de asuntos internos por echarle pelotas a un caso? ¡Yo quiero un policía de ésos! ¡Un buen policía que pasa a los superiores por el forro cuando hay que hacerlo y destapan tramas de corrupción y cosas desagradables mientras otros miran a otro lado o hacen la pelota al jefecillo!.
Cuando estás en situaciones estresantes piensas a un millón por segundo, ves lo que normalmente no ves, sientes emociones contradictorias.
Una madre es una madre, y como el amor de una madre no hay nada. Nunca pensé que se podría querer tanto a una persona, daría mi vida por mi hija que estaba en peligro. Lamentablemente, yo era la única persona en el mundo que pensaba y creía que mi hija estaba en peligro y algo le pasaba.
La paciencia de los policías se acabó, aunque me miraban con pena, tristeza, y podrían entenderme, no podían tolerarlo.
Mi marido, que es mente fría, me dio una sonora bofetada, y les pidió disculpas. Yo salí llorando a moco tendido, y decidida a divorciarme si no aparecía mi hija. Como siempre, meando fuera de tiesto, que es lo que me dice mi media naranja.
Salí de la comisaría con la cara descompuesta y llorando, con un nudo en la garganta.
“Estos hombres no sirven para nada, no tienen sangre en las venas”. Mi cabeza lo repetía una y otra vez. Esto lo tengo que arreglar yo, y de esperar 48 horas más a ver si aparece mi hija….¡los cojones!.
Cogí mi coche, bueno, me introduje en él, e intenté meter las llaves en el contacto, pero temblaba, no podía, y ¿llovía?, no, era yo y mis estúpidas lágrimas. Esperé, intenté tranquilizarme, “mente fría” me repetía. Estuve un tiempo así, sóla en el coche. Respirando profundamente. “Inspira, expira, inspira, expira”. Dejé de llorar, me miré en el espejo del retrovisor y tenía los ojos rojos e hinchados. Mi sensación y mi temor  no desaparecía, algo me decía que mi hija no estaba bien, y me daban unas ganas de darle una torta por desobedecerme… y unas ganas de cortarle las pelotas a cachitos al que hubiera hecho daño a ni niña…
Pasado un tiempo, me tranquilicé, pensé en que con la mente atrofiada y amargada no era dueña de mis actos, y que por el bien de mi hija no podía perder los nervios. ¿Qué haría la protagonista de una película? Llamar al héroe, ¿a Travolta?, no, Travolta se pondría a bailar, ¡Jason Statham y Daniel Craig!…¿Pero en Zaragoza vive alguno? Que yo sepa no, y no tengo sus teléfonos. Me entró la risa floja, así, así tengo opciones de pensar, ¿teniendo sentido del humor?. Estoy muy mal, peor de lo que creo.
Fui a casa, como la policía me dijo, allí mi marido me dio un tranquilizante, mis otros hijos se fueron a casa de sus tíos, no queríamos que me vieran mal, ni sufriesen lo de su hermana, y la policía nos hizo compañía, nos dio instrucciones y unas pautas a seguir. Vi a mi marido muy entero, pero yo no hacía más que llorar en la cama, sin poder dormir.
No estaba dispuesta a esperar las 48 horas reglamentarias para que la policía pudiera tramitar la denuncia por desaparición de una menor, así que al día siguiente tomé la determinación de buscar yo.
A mi marido le dije que todo estaba bien, y sin dar explicaciones salí de casa.  Me planté en casa de su mejor amiga para averiguar algo, pero me dijeron que no sabían nada. Me volví a casa a mirar en el ordenador de Julia, mi hija, pero no me sabía su clave.
-¡Soy idiota! ¡Cómo permito no saber la clave de mi hija! Soy idiota, idiota, idiota…..- me repetía y maltrataba a mí misma.
Decidí coger el ordenador portátil de Julia, y pensé en una tienda de reparación de ordenadores, para que uno de esos cerebritos que trabajan en esas tiendas me ayudasen. Tengo entendido que la gente joven, experta en ordenadores, se pasan la clave por el forro, ¿no?
-Jo, no me cunde nada el tiempo, coche para casa de su amiga, coche de vuelta a casa, coche a la tienda de informática, ¡cómo pierdo el tiempo!-otra vez maltratándome a mi misma, si hubiera podido me hubiera pegado, me sentía muy agresiva-Creo que puedo morder.
No me sentía muy productiva, en las películas a los héroes todo les sale rodado, no sé, en un coche con un ordenador de mierda y de noche (recuerdo a Harrisond Ford) son capaces de entrar a la intranet de un banco, y averiguar las entrañas de las finanzas de los malos malísimos. ¿O no?. Pues yo me daba cuenta, que me comportaba y sentía como woman-Torrente, o woman-Adam Sandler.
¿Hay alguna mujer héroe de acción? No, que yo sepa no.
-¡Mierda!, ahora a encontrar sitio para aparcar, con las prisas que tengo.- En inglés dicen “Shit”, pero parece que dicen ¡oveja! ¡folio! ¿no te parece? Lo mío con los idiomas es sexo duro, duro. Me siento bien jodida, y en el mal sentido, insatisfecha.
Aunque estaba muy concentrada, en lo que estaba haciendo, mi cabeza iba a mil por hora. Aparqué y no puse el ticket de la zona azul, no tenía monedas y no me iba a poner a perder el tiempo, si me ponían una multa… en ese momento era lo me menos.


Tuve que hacer cola en la tienda, no se, siempre la veo vacía, de verdad, pero basta que necesites algo para que las constelaciones te envíen piedras al camino.
-Hola, necesito abrir el ordenador de mi hija, no tengo la clave, quiero ver su correo, es que ha desaparecido.
El joven me escuchó, pero con una sonrisa me dijo que no lo podía hacer.
-Mira, que no es robado, de verdad. –Le insistí- ¿Me ves a mi capaz de robar este ordenador?.
-Mire señora que no puedo hacerlo- me volvió a insistir.
-Mi hija ha desaparecido y tengo que ver si hay algo en su correo, por favor.
-La policía sabe lo que hay que hacer, señora.
Joderrrrrr, otra vez me llama señora, pensaba. Aquí no puedo hacer nada, le puedo meter en un problema a lo mejor, puede que sea ilegal. ¿Y porqué yo no tengo como en las películas un amigo informático loco y “pirao” que sabe hacer virguerías con un ordenador?
No sabía que hacer, cogí el ordenador y volví a casa. Quiero un amigo informático, cerebrito, que sepa hacer virguerías con las claves, y que la confidencialidad y la privacidad de mis hijos se la pique un pez.
Comí un poco, y me dispuse a llamar a las madres de las amigas de mi hija.
-Hola, soy Cristina. Quería que me ayudases a investigar si tu hija sabe donde está Julia
-Hola Cristina, ¿qué tal?
-Hola Jose Luis, Estoy muy preocupada.
-Dime, ¿qué pasa?
-Julia no ha venido a casa esta noche.-Le expliqué mi problema lo más objetivamente que pude, intentando aparentar autocontrol- Se fue con Sara al cine, quedaron con un chico que habían conocido por internet. Sara les ha dicho a sus padres, que ella se fue al baño… y cuando volvío ya no estaban. Sus padres no me dejan hablar con ella, no sé que les pasa.
_Vale, no te preocupes, hablo con ella y te llamo.
Intenté ser educada y mostrarme en todo momento seria y con autocontrol. No podía estar histérica si quería que me hicieran caso y me ayudaran. Tuve que escuchar el rollo de que sería una chiquillada y aparecería, pero…aguanté las ganas de colgar, porque no podía hacer otra cosa.
El tiempo pasaba, y no pasaba nada. Con el ordenador en el coche, me dirigí otra vez a la policía, para que averiguaran a través de su correo. No me hicieron caso, otra vez muy amables, les solté el rollo, intentando ser objetiva, tranquila, cerebral… me imaginaba Meryl Streep. Si tengo que ser actriz, ¿qué actriz visualizo? Necesito un referente. Particularmente, yo preferería sentirme Sandra Bullock, es una de mis actrices favoritas.
Bueno, pues soy Sandra Bullock. Sandra Bullock en la comisaría de Zaragoza.

(…)
Tengo un Peugeot precioso, es mi refugio, me encanta, no consume mucho y es uno de mis lugares favoritos. En el coche me siento, pongo mi música y soy la reina del tráfico. No lo puedes entender, ¿a que no?. Soy madre, en casa estoy como geisha (o puta) tras rastrojo, no puedo hacer nada de lo que me apetece. Siempre pendiente de los demás, de todos. ¿Cuando una madre trabajadora tiene tiempo para sí?. Yo no sé las demás, pero siempre siento que no llego a todo, a todos tengo descontentos. ¡Qué tiempos en que los niños eran pequeños y yo mandaba, era la reina de mi casa, ahora con adolescentes es otra cosa, haga lo que haga nunca están contentos. No se cocinar porque no disfruto, el dar de comer a  mis hijos, es quitarme un peso de encima, hay que alimentarles, si les doy comida sana no se la comen, va directamente a la basura, y además tengo que sufrir para que coman algo. Me lo tomo como algo que hay que hacer y pasar lo antes posible. Haga la comida que haga, siempre hay que recoger la cocina, es una cruz.
Mi marido me dice:
-Cristina, es que no le pones cariño.
-Jo, Darling, es que cuando te pones tú es cuando vienen invitados para lucirte, pero el día a día es muy duro.
Podría seguir dando explicaciones al respecto, pero…¿Para qué? ¿Le puedo convencer de lo contrario? Es imposible, igual que es imposible que un hombre entienda que tengas más de dos bolsos, más de tres pares de zapatos y una caja con pinturetes para la cara… porque te compras y compras y nunca tiras ninguno, o por lo menos, es lo que a mí me pasa.
Salí de la sede policial como había entrado. Hacía un día soleado de primavera, y pensaba en la alergia de Julia. A mi hija se le hincha un poco la cara y los ojos, con el polen que veía en la atmósfera necesitaría su antihistamínico. (….).
Otra vez en casa, comí rápidamnte y me puse a registrar todas las pertenecías de Julia. Miré por los cajones de  su escritorio, de su armario, sus cajitas, sus bolsos…y llegué hasta los bolsillos de toda su ropa. Su intimidad me importó poco. Leí notas de amor, corazoncitos y confesiones en una carpetita que hacía de diario. Nada. Pero cuando ya estaba a punto de salir, vi un folio arrugado en su papelera roja de IKEA, era una hoja con algo impreso en un locutorio, esos sitios donde van los extranjeros sin recursos a llamar a sus países, o a contactar por internet.
-Pero esto, ¿qué hace aquí?
No ponía nada relevante, pero ya os digo que yo para investigadora no sirvo, no soy detallista, ni me doy cuenta de nada de lo que tengo a mi alrededor, lo único extraño que tengo, y no es que sea extraño, simplemente es que me alucina, es que tengo grandes intuiciones. ¿Esto puede ser considerado un don? No, simplemente es que yo veo las cosas venir, lo veo claro, lo digo, no me hacen ni puñetero caso y cuando pasa, ¡la gente se sorprende! Por supuesto, no puedo decir, ya lo decía yo, porque como ni me han oído, ni se han enterado. ¿Seré una mujer invisible?. No, soy una mujer cuarentona, y como tal, no existimos, sólo son visibles los hombres (todos) y las mujeres jóvenes de anuncio que ponen de florero para vender coches.


Sin decir palabra, fui al locutorio que aparecía en el folio. Se me pasó por la cabeza decirlo antes a la policía, pero es que como me miraban como a una loca…¿para qué? No, si a lo mejor, si yo estuviera  en el otro lado, imagino que soy policía, y estoy en un día cualquiera de mi vida laboral de policía, y me viene otra mujer, de las muchas que pasarán por delante de ellos cada día, descolocada como yo… ¿yo qué haría? Pues lo que me hacen a mí, pasar, ya se solucionarán las cosas a su debido tiempo, puede que la adolescente se haya ido de picos pardos con un chico y sus padres no saben nada.
Entré al locutorio, lleno de gente rara…de la que nunca me mezclaría. ¿Soy racista? Creo que no, pero yo no voy a sitios donde me miran por ser normal, que yo soy normal, coño.
“¿Por qué me mirarán tanto”. No puedo pasar desapercibida, que me miran raro, y no se el motivo, yo soy morena, muy morena… casi o igual que ellos.
 En el locutorio, eché un vistazo rápido, me sentí fuera de lugar y entonces.. salí escopeteada a casa. En casa busqué ropa vieja, pasada de moda, que no me pongo, me pinté exageradamente, me puse una coleta y una gorra, y volví al locutorio. Pensé que era una genio, por pensar en disfrazarme.  Dentro hacía mucho calor, se supone que no se puede fumar en lugares públicos, pero allí hacían lo que les daba la gana, pedí un ordenador para enviar un correo y ver el panorama.
¿Y que hago aquí sola? Nada especial, una mujer como yo sola, atemorizada y asustada, rodeada de gente que se conoce, se saluda y están en su elemento, no hago nada aquí. Pero…¿qué hacía un folleto de este antro en la habitación de mi hija? ¡NPI!, neither whore idea, ni puta idea.
Me quedé, me abrí una cuenta de correo electrónico, cristinajones009@gmail.com, y mientras miraba por el rabillo del ojo, cotilleaba a mi alrededor. Todo el mundo era raro, raro, para mí no es normal, sólo había hombres feos y mujeres con pinta de pilingui. ¿Veré algo sospechoso? ¿qué haría Sandra Bullock? Era por la mañana, la gente bebía alcohol, fumaba y creo yo que trapicheaba algo, no se, sospechaba. Quizás a otra hora hay otro tipo de gente, digo yo. Nadie me miraba, ni reparaba en mí, soy una mujer invisible, fui al baño. Al ir al aseo encontré una puerta, sólo personal, y entré. No había nada extraño, qué decepción, lo normal es que hubiera una reunión secreta, ¿no?. Aunque para ser sincera, ¿qué pensaba encontrar?.

(…)
Otra vez al baño, que me estoy meando. ¡Qué asco! Lo malo de los tugurios es que los aseos están sucios, no hay papel higiénico, da asco tocar incluso las paredes. Te encierras, buscas un pañuelo de papel, de los que usas para los mocos, sin tocar nada, haciendo equilibrios con el abrigo, el bolso y tus piernas… ¡qué a gusto me quedé! Entraron dos chicas jovencitas, se pusieron a hablar.
-Jessica, me han dicho que esta noche viene Johnatan, irá con muchas chicas nuevas.
-Ah, ¿si?
-No te hagas la tonta, tú lo sabes.
-Hemos quedado en el Bill.
Cuando se fueron, yo me pregunté que era eso del Bill, me imaginé que era un local de copas, drogas, ¿trata de blancas? Me monté en un momento una película. ¿Esto tendrá algo que ver con mi niña? Sé que ella ha estado aquí con una amiga, éste sitio no es lógico para mi hija, o sus amigas. Bueno, pues es lo único que tengo, unas jovencitas hablando de un tal Johnatan o cómo se diga y un local. Salí del baño, sin lavarme las manos, hasta de daba asco tocar el grifo, me dirigí al ordenador, cogí mi libreta y bolígrafo,y me dirigí a la calle. Del fondo del local, me llamaron.

-Eh, tuuuuu.
-¿qué?
-Si, tu, qué nunca te he visto por aquí
Las piernas me temblaban, soy una pasmada y no tengo recursos para salir airosa de situaciones peligrosas, en las partidas de la Playstation caigo al foso nada más empezar a correr, me entran cortocircuitos cuando me acaloro.
-Hola.
-¿qué hace una mujer bonita como tú en un sitio como éste?
Me lanza un piropo, está de buen rollo, no me mira con tono amenazador, puedo salir de ésta.
-Nada, no tengo ordenador y quería ver mi correo.
-Bueno, pues si quieres algo más, ya sabes donde me tienes, ¿eh? Je, je.- y mientras miraba de reojo a sus amigos, que le reían la gracia.
Salí escopeteada, por si acaso, porque no me sentía muy segura. Pero me pareció la conversación tan estúpida, tan de conversación de instituto que aluciné. Los hombres son como niños, ¡son tontos! Bueno, siempre hay excepciones.
En la calle me acerqué a unas mujeres de mala vida, y les pregunté donde estaba el Bill. Me dijeron que estaba en un polígono industrial, lo cual me pareció muy raro, pero puede que sea un local de putas, o de drogas…es lo normal para esta gente….¿Y yo qué hago? ¿Esto qué tiene que ver una adolescente de dieciséis años? Si voy a la policía, ni caso.

Cristina Jones asustada


Cogí el coche y allí me fui, sóla, con mi ignorancia y mi inconsciencia. No sé, no pensé en mi hija en todo día, sólo pensaba que estaba haciendo lo que tenía que hacer, estaba ocupada.
Aparqué el coche en el polígono, cerca de un gimnasio, cogí mi bolso y entré al local.
“¡Dios mío! ¿Dónde me he metido?”. No había nadie, unas mujeres limpiando. Las sillas encima de las mesas, la luz fría, unas pantallas enormes de televisión apagadas, una mujer con una libreta tomando notas, bolsas de plástico con basura, vasos sucios en la barra… Me miraron con cara de pocos amigos, se me acercó la que parecía más mandona, seria y fea, (Actriz: Rosy de Palma).
-¿Qué quiere usted?
-Hola, vengo a pedir trabajo-No se me ocurrió decir otra cosa, yo tampoco soy muy original.
-Aquí no hay nada para usted.-
De repente salió detrás del mostrador, o del inframundo, un hombre feo de mediana edad super atractivo, (Actor: Javier Barden), me miró, se sonrió y se puso al lado de la marimandona.
-Bien, ¿ha traido usted su curriculum?.
“Tierra trágame”, no llevo nada, “¿qué hago?”. Me puse roja, el corazón se me subió a la cabeza, escuchaba mis latidos en las sienes, no podía pensar con claridad, ni escuchar nada, la tierra se abrió entre mis pies.
-Lo tengo en el coche, puedo ir a buscarlo ahora mismo.
-Adelante, señora, no se preocupe, aquí estamos.
Miré a mi alrededor, todas las mujeres me miraban con cara de pocos amigos, pero la Rosy de Palma con chispas en los ojos. ¿Por qué tanto odio?
Me volví al coche, me metí y me fui. Las piernas me temblaban. En casa, no había nadie. Me duché, me arreglé,  y comí algo. Me inventé un curriculum, lo imprimí y volví. No sé porqué. Cuando volví, ya era de noche, había muchos coches aparcados en la entrada, las luces habían cambiado por completo el aspecto del antro, del local, parecía más espacioso, más chic, más bonito. Incluso las personas del local parecían más atractivas. Entré como perro por mi casa, me propuse hacerme la tonta y entregar el curriculum al Sr. que se parecía a Javier Barden. Abrí una puerta con un pequeño letrero que ponía “Despacho”, no había nadie y entré con mi curriculum entre las manos. De repente, escuché una bronca, me asusté, no sabía donde meterme, busqué y me encerré en un armario.
-¡Decidle al cabrón de Alonso, que la mercancía está defectuosa, y que quiero que la reponga en 24 horas!.
-No te fiés de él, ya nos la ha jugado en otra ocasión, no hay que dar segundas oportunidades.
-¿Te he pedido tu opinión?- Contestó en tono amenazador.

Sólo podía escuchar las voces, no sabía quienes hablaban. Tenía los ojos como platos, pero estaba todo oscuro, muy oscuro. Mi corazón otra vez en la cabeza, escuchaba mi sangre circular por las venas, creo que hasta chirriaban los glóbulos rojos al tomar curvas dentro de mí, podía oír hasta el aleteo de un mosquito. Creo que la situación de estrés que estaba viviendo, había insuflado en mí una cantidad insuperable de adrenalina, tenía un sudor frío, sentía palpitaciones….De repente, escuché una llamada de teléfono, pero…no sonaba en el despacho, el sonido provenía del armario donde yo estaba, de mi bolso, sonaba mi tono, una canción  de Tom Jones, “Love is in the air” ¡era mi móvil!.

Youtube:                      http://youtu.be/P2-VGDF4y18
Continuará.
Perdonad los errores, es un borrador, que está siendo corregido y mejorado por otro lado.
Creo que voy a abrir otro blog, llamado “Las aventuras de la Jones”…

También te podría interesar

1 comentario

  • Responder Anónimo 23 mayo, 2013 de 4:18 pm

    ¿Cuando continúa? ¿Lo tienes ya?

  • Deja un comentario

    A %d blogueros les gusta esto: