Emociones

Ep. 4. La primera visita a la policia de Cristina Jones

21 mayo, 2013

La policía me miraba con cara de pocos amigos. Yo me daba cuenta de que me explicaba como un libro cerrado, estaba nerviosa, decía cosas sin sentido, mezclaba los hechos, pero es que estaba histérica, no podía hacer nada, no sabía que hacer…El cuerpo me pedía coger su pistola al gilipollas que tenía delante y salir corriendo.

En las películas, el héroe es capaz de hacer cosas increíbles, como tirarse de un avión sin paracaídas y quitárselo a uno que se ha tirado del avión antes que él. A mi el cuerpo me pedía acción, buscar un arma y salir en busca de los desgraciados que hubieran hecho daño a mi hija. ¿Dónde se compra una pistola?

Si viviera en Kansas o en algún lugar de Estados Unidos, podría ir al supermercado y comprarme un rifle de cañones recortados. No sé lo que es, pero creo que es la pera limonera en cuanto a armas, ¿O mejor un rifle con mira telescópica? Sí, así me subo a un ático con vistas, y le meto un tiro al individuo que ha osado poner la mano en mi hija entre ceja y ceja, qué bonito sería el mundo sin gentuza. Todos seríamos felices.


Lo malo, lo patético, es que lo pensaba por el hemisferio derecho del cerebro, pero lo desechaba por el izquierdo, porque soy una patosa, sí, no coordino los movimientos, tengo poca fuerza muscular y no tengo reflejos. En esta situación, te das cuenta de que las películas y la realidad son cosas distintas. ¿O no? ¡Mi hija! ¡Mi niña!

La mañana anterior había discutido con ella, está en esa edad del pavo de la que todos los padres hablamos cuando nos toca, pero aunque todos la pasan, incluso nuestros padres con nosotros, nadie sabe nada, es una etapa que hay que pasar, y ya está. La edad del pavo creo que es diferente para los chicos que para las chicas. A mí si a mi hijo le desfloran, me importa un comino, que lo disfrute, y que se lo pase bien, pero a mi hija… y no es que sea machista, ni feminista, es que hay que ser madre para sentirlo, no lo puedes pasar por el filtro cerebral.
-¡¡Cabrones, que soy unos gilipollas!!!!-gritaba yo.

Sí, les llamé de todo a los policías que no me hacían caso. Allí estaba yo, Cristina Jones, una mujer mayor, con la cara descompuesta por el miedo y las emociones desbordadas, al sentir que mi hija podría estar en peligro.

La comisaría del Centro de mi ciudad es un edificio nuevo, de diseño, un lugar precioso para rodar un episodio de CSI, grandes ventanales, luz natural, policías…normales. No me daban la sensación de resolver muchos casos, les veía apáticos, muy funcionarios, sin nervio, sin ilusión…¿Habrá alguno al que hayan expedientado los de asuntos internos por echarle pelotas a un caso? ¡Yo quiero un policía de ésos! ¡Un buen policía que pasa a los superiores por el forro cuando hay que hacerlo y destapan tramas de corrupción y cosas desagradables mientras otros miran a otro lado o hacen la pelota al jefecillo!.
Cuando estás en situaciones estresantes piensas a un millón por segundo, ves lo que normalmente no ves, sientes emociones contradictorias.

Una madre es una madre, y como el amor de una madre no hay nada. Nunca pensé que se podría querer tanto a una persona, daría mi vida por mi hija que estaba en peligro. Lamentablemente, yo era la única persona en el mundo que pensaba y creía que mi hija estaba en peligro y algo le pasaba.
La paciencia de los policías se acabó, aunque me miraban con pena, tristeza, y podrían entenderme, no podían tolerarlo.

Mi marido, que es mente fría, me dio una sonora bofetada, y les pidió disculpas. Yo salí llorando a moco tendido, y decidida a divorciarme si no aparecía mi hija. Como siempre, meando fuera de tiesto, que es lo que me dice mi media naranja.

Continúa en el ep.5.

Pero imagínate la película protagonizada por mi actriz favorita, ¡Sandra Bullock!

También te podría interesar

Sin comentarios

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: